Marco Teórico
Los desastres naturales a través de la historia han provocado pérdidas humanas y han tenido un impacto muy severo tanto a nivel económico, social, médico y psicológico en las personas y sociedades, por lo que comprender mejor cómo y a quiénes afecta de manera psicológica ayuda a la intervención psicosocial de manera oportuna y efectiva (Gaborit, 2006).
Gaborit (2006) destaca que más que cualquier otro desastre, los terremotos son los más temidos, ya que tienen características peculiares que, en parte, explican por qué la afección psicológica es mayor que en los otros desastres naturales, argumenta primeramente, que estos fenómenos son impredecibles, no existe una metodología científica que pueda predecir con exactitud cuándo, dónde y con qué intensidad, en comparación con los huracanes, donde existe un sistema de alerta temprana que puede brindar tiempo para evacuar o tomar medidas para aligerar el impacto.
Seligman (1975 citado por Gaborit, 2006) indica que el factor de impredecibilidad genera un fuerte sentimiento de indefensión psicológica, aumentando la ansiedad e incertidumbre cognitiva sobre qué hacer cuando suceda el desastre, además de que los terremotos son repentinos, y en pocos segundos éste provoca destrucción generalizada con enorme fuerza, lo que puede ocasionar muertes repentinas, además afecta las rutinas diarias de muchos individuos por lo que sus vidas se ven radicalmente cambiadas por un tiempo impredecible.
De esta manera Gaborit (2006) menciona que los desastres son traumáticos y sobrecargan los recursos disponibles, poniendo en peligro la capacidad de las personas y de la comunidad, agrega que pueden surgir diferentes tipos de reacciones que tienen coordenadas personales y sociales, que no son erráticas y son relativamente predecibles. Además, el autor mencionado previamente destaca que los traumas tienen las siguientes características: son de gran intensidad, imprevisibles, infrecuentes y varían en duración de agudos a crónicos, además puede afectar tanto solo a una persona como a comunidades enteras como es el caso en los terremotos.
Según la APA (s.f.), el trauma es una respuesta emocional a un evento terrible como un accidente, violación o abuso sexual o un desastre natural, que desencadenan diversas reacciones como shock y negación; aunque a largo plazo también pueden presentarse emociones impredecibles, flashbacks, problemas en las relaciones interpersonales o síntomas físicos como náuseas o dolores de cabeza. Algunos de estos síntomas pueden dificultar que las personas realicen sus actividades rutinarias o continúen con su vida normal.
Cernuda (2012) plantea que, de acuerdo a la magnitud del evento, se estima que entre un 33 y un 50% de los afectados pueden sufrir algún tipo de desorden psiquiátrico en los días o meses posteriores al evento, aunque afortunadamente no todos pueden clasificarse como patológicos, agrega que el estrés postraumático, la depresión o el sufrimiento emocional son algunas de las patologías mentales más frecuentemente asociadas a los desastres.
Palomares y Campos (2018) argumentan respecto al trauma por un terremoto que este no es un evento único, sino más bien un periodo de trauma prolongado de varias situaciones estresantes inesperadas:
- El trauma inicial por el movimiento violento.
- Factores que amenazan la vida, como el colapso de edificios, quedar atrapado bajo escombros, incendios, etc.
- Exposición a escenas aversivas, como ver personas atrapadas bajo escombros, cuerpos mutilados, etc.
- Pérdida de recursos
- Eventos estresantes asociados con las consecuencias del desastre, como el traslado a albergues, alteraciones de la vida cotidiana, etc.
- Réplicas de los sismos que generan pánico
Texas Department of State Health Services (s.f.) menciona que los sentimientos de tristeza, ira y dolor son reacciones a eventos inusuales como a los desastres, afirma también que muchos de estos sentimientos pueden aparecer inmediatamente después del evento o tiempo más tarde, agrega que entre los sentimientos y reacciones más comunes están el temor y ansiedad, la sensación de desesperación o desolación, irritabilidad y temperamento explosivo, frustración, sensación de inestabilidad, pérdida de interés en las actividades diarias, etc.
En cuanto a los cambios de comportamiento que pueden presentar las personas después de un suceso traumático están el aislarse, evitar las actividades, los lugares o incluso las personas que le puedan recordar el evento, sobresaltarse o asustarse con facilidad, problemas para dormirse o permanecer dormido, aumento en los conflictos o tensión con familiares, amigos u otras personas, llorar o estar al borde de las lágrimas sin motivo aparente, entre otros (Texas Department of State Health Services, s.f.).
Algunas reacciones son relativamente comunes, y se pueden dividir en aquellas que aparecen en el periodo de emergencia inmediata, las que exhiben las personas después de las 72 horas hasta pocas semanas después del evento traumático y las secuelas a largo plazo (Gaborit, 2006).
En un estudio realizado en adultos en la región de Wenchuán en China, ciudad que fue afectada por el terremoto del 12 de mayo de 2008 con una magnitud de 8 grados en escala de Richter, el estrés postraumático fue el síndrome que más presentaron las personas que participaron en dicha investigación al mes siguiente al terremoto con un 84.8%, mientras que después de dos a tres meses la cifra descendió al 43%, mientras que al año solo estaba afectando al 26% de los habitantes (Cernuda, 2012).
Cernuda (2012) destaca que en dicha investigación se determinó que algunos factores de riesgo para desarrollar síndrome de estrés postraumático eran la edad comprendida entre 30-40 años, tipo de trauma, mayor exposición a éste y aumenta de forma considerable tras acontecimientos que sucedieron, es decir, cuando se repiten dichos eventos como son los casos de huracanes, tornados o terremotos.
Palomares y Campos (2018) refieren que, en México, durante el lapso de las 10 semanas posteriores al sismo de 1985, en las personas que se encontraban en
albergues el 28% presentó TEPT, el 54% oleadas de miedo, 18% trastorno de ansiedad generalizada y el 14% estados depresivos, de los cuales solo el 9.8% requirió manejo especializado. Plantean también que se reportó una alta frecuencia de agitación, temblor corporal, dificultad para concentrarse y trastornos del sueño (insomnio y pesadillas a los eventos recién vividos) y a medida que pasaban las semanas se presentaron otras manifestaciones psicológicas que eran fundamentalmente en estados de desilusión, apatía e incertidumbre ante el futuro, además de reacciones de culpa y cólera.
Romero y Ayala (2018) plantean que en México siendo un país sísmico, se ha utilizado una herramienta fundamental que es la alerta sísmica, sin embargo, su sonido está en los recuerdos de las personas y al escucharlo se trae a la memoria los sismos del 7 y 19 de septiembre lo que ocasiona que se pueda experimentar miedo. En ese contexto, la alerta sísmica se ha convertido en un estímulo que condiciona un recuerdo negativo, ya que cuatro días después del 23 de septiembre la alerta se activó nuevamente por un sismo en Oaxaca, y esa misma mañana dos personas fallecieron por un ataque cardíaco y una joven se arrojó del segundo piso de su edificio.
Al respecto, Sandoval et al. (2019) menciona que dentro de su investigación se realizaron algunas preguntas a los participantes, y la pregunta que más les incomodó tanto en la fase aguda, al mes y al año después del sismo fue el sonido de la alerta sísmica, donde las emociones que más se reportaron fueron la angustia y ansiedad en todas las mediciones, pues se dice que los malos recuerdos son peores que las pesadillas.
Lyandurai (2018 mencionado por Sandoval et al. 2019) en un artículo de revisión para la revista Elsevier, destaca que los recuerdos intrusivos de un evento traumático pueden ser angustiosos y perturbadores, y comprenden una característica clínica fundamental del trastorno de estrés postraumático, de esta forma, la alerta sísmica puede ser un detonante de aquellos recuerdos que las personas vivieron el sismo del 2017, y por lo tanto aquellos recuerdos intrusivos implican impresiones basadas en imágenes mentales que se entrometen en la mente involuntariamente y son emocionales lo que puede causar alteraciones emocionales, psicológicas y sociales que afectan la calidad de vida de la persona.
Trastorno de Estrés Postraumático
De acuerdo con la American Psychological Association (APA, s.f.), el trastorno de estrés postraumático se distingue por ansiedad, disociación y otros síntomas que duran más de un mes después de la exposición a un evento estresor traumático, ya sea que se considere que se pone en riesgo la vida o la integridad. Los síntomas característicos son:
- Volver a experimentar el trauma mediante recuerdos dolorosos, flashbacks o sueños o pesadillas recurrentes;
- Evitación de actividades o lugares que recuerden el evento traumático, así como la disminución de la capacidad de respuesta (entumecimiento emocional), con desinterés en actividades significativas y con sentimientos de desapego y alejamiento de los demás,
- Excitación fisiológica crónica, que conduce a síntomas tales como una respuesta de sobresalto exagerada, trastornos del sueño, dificultad para concentrarse o recordar y culpa por sobrevivir al trauma cuando otros no lo hicieron;
Hay dos subtipos, que son el trastorno de estrés postraumático crónico y el trastorno de estrés postraumático retardado. Cuando los síntomas no duran más de cuatro semanas, se trata de un trastorno de estrés agudo. De acuerdo con el DSM-V, la exposición al evento traumático pudo haber sido por haberle ocurrido a un ser querido o si hay una exposición repetida a detalles aversivos (APA, s.f.).
De acuerdo con la American Psychiatric Association (APA, 2013, pp. 271-272), los criterios diagnósticos son:
A. Exposición a la muerte, lesión grave o violencia sexual, ya sea real o amenaza en una o más de las siguientes formas:
a. Experiencia directa del suceso traumático.
b. Presencia directa del suceso ocurrido a otros.
c. Conocimiento de que el suceso traumático ha ocurrido a un familiar próximo o a un amigo íntimo. En los casos de amenaza o realidad de muerte de un familiar o amigo, el suceso ha de haber sido violento o accidental.
d. Exposición repetida o extrema a detalles repulsivos del suceso traumático.
B. Presencia de uno o más síntomas de intrusión, asociados al suceso traumático, que comienza después del suceso traumático:
a. Recuerdos angustiosos recurrentes, involuntarios e intrusivos del suceso traumático.
b. Sueños angustiosos recurrentes en los que el contenido y/o efecto del sueño está relacionado con el suceso traumático.
c. Reacciones disociativas en las que el sujeto siente o actúa como si se repitiera el suceso traumático.
d. Malestar psicológico intenso o prolongado al exponerse a factores internos o externos que simbolizan o se parecen a un aspecto del suceso traumático.
e. Reacciones fisiológicas intensas a factores internos o externos que simbolizan o se parecen a un aspecto del suceso traumático.
C. Evitación persistente de estímulos asociados al suceso traumático, que comienza tras el suceso traumático, como se pone de manifiesto por una o las dos características siguientes:
Evitación o esfuerzos para evitar recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos acerca o estrechamente asociados al suceso traumático.
b. Evitación o esfuerzos para evitar recordatorios externos que despiertan recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos acerca o estrechamente asociados al suceso traumático.
D. Alteraciones negativas cognitivas del estado de ánimo asociadas al suceso traumático que comienzan o empeoran después del suceso traumático, como se pone de manifiesto por dos de las características siguientes:
a. Incapacidad para recordar un aspecto importante del suceso traumático.
b. Creencias o expectativas negativas persistentes y exageradas sobre uno mismo, los demás o el mundo.
c. Percepción distorsionada persistente de la causa o las consecuencias del suceso traumático que hace que el individuo se acuse a sí mismo o a los demás.
d. Estado emocional negativo persistente.
e. Disminución importante del interés o la participación en actividades significativas.
f. Sentimiento de desapego o extrañamiento de los demás.
g. Incapacidad persistente de experimentar emociones positivas.
E. Alteración importante de la alerta y reactividad asociada al suceso traumático que comienza o empeora después del suceso traumático, como se pone de manifiesto por dos o más de las características siguientes:
a. Comportamiento irritable y arrebatos de furia que se expresan típicamente como agresión verbal o física contra personas u objetos.
b. Comportamiento imprudente o autodestructivo.
c. Hipervigilancia
d. Respuesta de sobresalto exagerada.
e. Problemas de concentración.
f. Alteración del sueño
G. La alteración causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
H. La alteración no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia o a otra afección médica.
Especificar si:
Con síntomas disociativos: los síntomas cumplen los criterios para el trastorno de estrés postraumático y, además, en respuesta al factor de estrés, el individuo experimenta síntomas persistentes o recurrentes de una de las características siguientes:
1. Despersonalización: experiencia persistente o recurrente de un sentimiento de desapego y como si uno mismo fuera un observador externo del propio proceso mental y corporal.
2. Desrealización: experiencia persistente o recurrente de irrealidad del entorno.
Nota: para utilizar este subtipo, los síntomas disociativos no se ha de poder atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia.
Especificar si:
Con expresión retardada: Si la totalidad de los criterios diagnósticos no se cumplen hasta al menos seis meses después del acontecimiento (aunque el inicio y la expresión de algunos síntomas puedan ser inmediatos).
Trastorno de Estrés agudo
De acuerdo con la APA (s.f.), se caracteriza por ansiedad y síntomas disociativos que ocurren en el transcurso de un mes después de la exposición al evento estresor traumático. Es una condición psicológica incapacitante que ocurre inmediatamente después de la exposición a un evento estresor. Los síntomas como pensamientos intrusivos, hiperexcitación y evitación de situaciones que recuerden el evento traumático son los mismos que los del trastorno de estrés postraumático, pero no duran más de cuatro semanas. Este trastorno también puede incluir elementos de disociación, como despersonalización y separación de la realidad.
De acuerdo con la APA (2013), los criterios diagnósticos son:
A. Exposición a la muerte, lesión grave o violencia sexual, ya sea real o amenaza, en una o más de las formas siguientes:
a. Experiencia directa del suceso traumático
b. Presencia directa del suceso ocurrido a otros
c. Conocimiento de que el suceso traumático ha ocurrido a un familiar próximo o a un amigo íntimo.
d. Exposición repetida o extrema a detalles repulsivos traumáticos
B. Presencia de nueve o más de los síntomas siguientes de alguna de las cinco categorías de intrusión, estado de ánimo negativo, disociación, evitación y alerta, que comienza o empeora después del suceso traumático:
Síntomas de intrusión
Estado de ánimo negativo
Síntomas disociativos
Síntomas de evitación
Síntomas de alerta
10. Alteración del sueño
11. Comportamiento irritable y arrebatos de furia que se expresan típicamente como agresión verbal o física contra personas u objetos.
12. Hipervigilancia
13. Problemas de concentración
14. Respuesta de sobresalto exagerada
C. La duración del trastorno es de tres días a un mes después de la exposición al trauma.
D. La alteración causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
E. La alteración no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia u otra afección médica y no se explica mejor por un trastorno psicótico breve.
Definición del Enfoque Cualitativo
Hernández et al. (2014, citando a Mertens, 2010, Preissle, 2008 y Coleman y Unrau, 2005), consideran que la investigación cualitativa es especialmente beneficiosa cuando el fenómeno de interés es muy difícil de medir o no se ha medido previamente, lo cual se traduce en deficiencias en el conocimiento del problema.
Ortiz (s.f., citado en Hernández et al., 2014) sostiene que:
La metodología cualitativa permite entender cómo los participantes de una investigación perciben los acontecimientos. La variedad de sus métodos, como son: la fenomenología, el interaccionismo simbólico, la teoría fundamentada, el estudio de caso, la hermenéutica, la etnografía, la historia de vida, la biografía y la historia temática, reflejan la perspectiva de aquel qué vive el fenómeno. El uso de esta aproximación es de carácter inductivo y sugiere que, a partir de un fenómeno dado, se pueden encontrar similitudes en otro, permitiendo entender procesos, cambios y experiencias. (p. 381)
Taylor y Bogdán (1986, citados en Cueto, 2020) sostienen que la investigación cualitativa está dirigida a la producción de datos descriptivos, como son las palabras y los discursos de las personas, quienes los expresan de manera verbal y escrita, además, de la conducta observable.
Von Glasersfeld (1995, citado en Cueto, 2020), señala que la perspectiva constructivista radical de la investigación cualitativa establece la idea de que no es posible el conocimiento objetivo de la realidad, ya que todo acto de conocimiento implica una intervención activa del observador, quien se convierte así, en constructor de la realidad que percibe y no un receptor pasivo de estímulos externos.
El enfoque cualitativo es importante para investigar fenómenos sociales que son complejos de capturar desde el punto de vista cuantitativo, como son las perspectivas de las personas con relación a sus relaciones, creencias, hábitos y valores (Bedregal et al., 2017, citados en Cueto, 2020).
La investigación cualitativa, permite comprender la profundidad de un fenómeno partiendo de la óptica de los actores sociales, la cual se incorpora a los modelos explicativos cuantitativos. Las fases metodológicas son parecidas a la investigación cuantitativa: Preparatoria o de Diseño; Trabajo de campo o Recogida de la información; Fase Analítica o Discusión; e Informativa o de Divulgación.
Sin embargo, a pesar de esas similitudes, la investigación cualitativa tiene otra definición del objeto de estudio, el que está conformado de relatos y discursos que informan de las experiencias, creencias, valores, etc., de los sujetos muestrales. Difiere en la flexibilidad metodológica en que las fases no tienen inicio ni fin claros, sino que se superponen y entremezclan de acuerdo a las exigencias del objeto de estudio.
También, el rol del marco teórico es secundario en el diseño del proceso, porque se considera que en esta etapa cargaría de preconceptos la subjetividad de los relatos; y, finalmente, el papel del investigador cualitativo se estima es el instrumento más valioso en el desarrollo de la investigación porque va tomando las decisiones que van delimitando el proceso (Cueto, 2020).
Definición del marco interpretativo fenomenológico
En el enfoque cualitativo, el diseño hace referencia al “abordaje” en general que se usará en el proceso de investigación. El diseño, de la misma manera que la muestra, la recolección de los datos y el análisis, se origina desde el planteamiento del problema hasta la inmersión inicial y el trabajo de campo; desde luego, va teniendo cambios, aun cuando es más bien una manera de enfocar el fenómeno del que se ocupa el estudio (Hernández et al., 2014).
Dentro de las clases de diseños dentro del enfoque cualitativo están los diseños fenomenológicos, los cuales según Hernández et al. (2014), tienen como objetivo principal explorar, describir y comprender las experiencias de las personas con respecto a un fenómeno y descubrir los elementos comunes y diferenciadores de tales experiencias. El fenómeno se identifica desde el planteamiento y puede ser tan diverso como la amplia experiencia humana. Algunas veces la meta es descubrir el significado de un fenómeno para varias personas. Puede englobar cuestiones excepcionales, pero también rutinarias y cotidianas. Y a su vez el diseño fenomenológico se puede clasificar en hermenéutico o empírico.
En nuestro estudio el diseño fue fenomenológico porque busca explorar y comprender las vivencias de las dos personas frente a la alerta sísmica en cuanto a los síntomas que experimentan relacionados con estrés agudo o TEPT, y la cuestión excepcional serían los sismos que son un suceso que no se da de manera frecuente además de que es imprevisible.
Álvarez-Gayou (2009), destaca que la fenomenología se caracteriza por centrarse en la experiencia personal de un hecho o situación. Se apoya de la temporalidad (el tiempo vivido), la espacialidad (el espacio vivido), la corporalidad (el cuerpo vivido) y la relacionalidad o la comunidad (la relación humana vivida).
Se basa en dos premisas, la primera indica que las percepciones de las personas con respecto a un evento (cómo lo viven) experiencia de la persona; la segunda señala que cada persona solo puede ser comprendida desde su contexto conformado por las relaciones con los objetos, las personas, los sucesos y las situaciones (Álvarez-Gayou, 2009).
Las características de los análisis fenomenológicos son (Álvarez-Gayou, 2009):
- Buscan el significado de la experiencia.
- La experiencia contiene rasgos internos y externos de las personas, incluyendo recuerdos, la imagen y el sentido.
- Se realiza un análisis del discurso y de temas particulares, resaltando los significados.
- Apartan su propia experiencia
- Aprehenden la experiencia
- Evitan la emisión de juicios respecto a lo real o lo irreal.
- Elaboran preguntas de investigación que tienen el objetivo de conocer el significado que tiene el evento en las personas, describiendo las experiencias cotidianas.
- La información se obtiene por medio de entrevistas.
El proceso de investigación consiste en la lectura, reflexión, escritura y reescritura de la información obtenida. El análisis se realiza mediante la selección de palabras o frases que describen la experiencia estudiada, agrupando aquellas que comparten relación o significado y así formar grupos que dejen ver la subjetividad de las personas. Amedeo Giorgi (1997, citado por Álvarez-Gayou, 2009), propone cinco pasos: obtener datos verbales; leer estos datos; agruparlos; organizarlos y expresarlos desde la perspectiva disciplinaria y posteriormente sintetizar y resumir para su presentación. La finalidad es que el lector entienda lo que significa para una persona, vivir en una situación particular.
Actualmente existen diversos tipos de análisis fenomenológico, entre los que se encuentra el análisis fenomenológico interpretativo (AFI), que tiene las siguientes características generales:
- Es un enfoque de investigación cualitativo cuyo objetivo es comprender cómo las personas le otorgan significado a sus experiencias, Smith et al. (2009, como se citan en Duque y Aristizábal, 2019).
- Quienes llevan a cabo este tipo de investigación, se inclinan hacia aquellas vivencias que adquieren un significado especial, algunas de ellas inusuales y con un valor experiencial único para quien las vive. Precisamente es este valor experiencial, en términos de significado, la materia prima para desarrollar una investigación bajo la metodología AFI (Smith et al., 2009 como se citan en Duque y Aristizábal, 2019).
- Para Howit y Cramer, (2011, citados en Duque y Aristizábal 2019) el AFI persigue generar una descripción detallada y en profundidad de las experiencias particulares tal cual como son vividas y comprendidas por un individuo. Su meta es estudiar un acontecimiento, pero partiendo de la óptica de quien lo experimenta, ya que parte del supuesto de que las personas tratan de elaborar significados sobre sus experiencias.
Vale la pena agregar que, estas experiencias pueden ser de corta o larga duración, ser positivas o negativas, lo importante es que tengan un significado para las personas (Smith et al., 2009 cómo se citan en Duque y Aristizábal, 2019).
Los aspectos metodológicos del AFI, de acuerdo con Duque y Aristizábal (2019), que deben considerarse para su implementación en un estudio cualitativo son:
- Para formular las preguntas de investigación se enfatiza el estudio de las experiencias personales, se enfoca en hechos que adquieren una gran importancia para quienes los viven, y para esto, plantea preguntas que sugieren una exploración profunda de los significados construidos sobre estas experiencias.
- Para el Diseño, partiendo de que las investigaciones basadas en la AFI revisan en profundidad la experiencia que vive un grupo de personas en relación con un fenómeno concreto y los significados que son asignados a éste, el diseño de toda investigación basada en el AFI estará dirigido por una situación de entrevista, la cual se desarrollará a través de una serie de preguntas abiertas y exploratorias.
- En cuanto a la recolección de datos el AFI requiere una técnica de recolección de datos que permita una elaboración detallada y profunda de la experiencia personal respecto del fenómeno a estudiar. Este elemento debe tener la flexibilidad necesaria como para permitir que los significados elaborados emerjan. Así pues, la recolección de los datos se deberá llevar a cabo mediante una entrevista semiestructurada. Para la realización de esta se recomienda el uso de audio grabadora previo consentimiento de los participantes, para facilitar la posterior transcripción, Brinkmann (2013; Kvale, 2011 como se citan en Duque y Aristizábal, 2019). Es importante resaltar que, durante la realización de cada entrevista, en lo posible, el investigador debe estar atento y no perder el foco debido a la toma de notas, este es un asunto que se maneja usando la grabación en audio o video de cada sesión. De esta manera, la entrevista fluirá de forma más natural y espontánea, evitando también que el participante se distraiga o pierda el hilo, sacrificando así contenidos de su vivencia (Smith y Osborn, 2008 cómo se citan en Duque y Aristizábal, 2019).
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